Reforma educativa región Wixárika

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Educación “retirada”

La reforma educativa es dispar para profesores de la región indígena wixárika del Norte de Jalisco, quienes señalan que la educación está abandonada y faltan herramientas indispensables para una educación integral y con elementos de calidad

 

La escuela de Haimatsie hoy luce solitaria. Arrimados a las paredes de adobe, las sillas y los bancos —de patas herrumbrosas y madera carcomida— albergan solamente unas cuantas heces de pájaros. Como testigo de alguna actividad escolar, el viento agita unos papelitos con dibujos colorados de flores y animales, o de un mapa variopinto de México al revés y firmado: “Hecho por el alumno”.

Entre la pequeña aula, cubierta con láminas, y la dirección de la primaria —un bajo edificio prefabricado, de metal y cemento— cuarenta maestros de la zona 006 de la región indígena wixárika, en el Norte de Jalisco, se están manifestando con un paro pacífico de labores. De hecho, la tranquilidad es casi absoluta, quebrada un instante por la noticia de que el Ministerio Público de Huejuquilla el Alto, cercano municipio “mestizo”, amenaza con intervenir para dispersar la protesta, o rota aquí y allá por jauría de perros ladrando y burros correteándose, uno de los cuales se refugia frente al aula: “Hoy no hay clases”, le dice un maestro, entre la risa general.

Es viernes 20 de septiembre, y en esta localidad  ubicada en la comunidad wixárika (o huichol en español) de Santa Catarina Cuexcomatitlán, los docentes se reunieron para mostrar su inconformidad con la reforma educativa, pero también para denunciar una vez más las problemáticas específicas que aquejan a la enseñanza en su propio entorno.

“Hay 24 compañeros a los que no se le ha pagado desde el pasado mes de julio”, explica Artemio Solares, maestro de la primaria de Haimatsie, situación por la cual la semana pasada se presentó una queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos. “Pero hay muchos más casos en la región wixárika, estaríamos hablando de alrededor de cien maestros”.

Mijares Valdez es el represente sindical de la zona 006, a la que pertenecen 47 maestros, de los cuales solamente la mitad son de base. Comenta que desde que asumió el cargo, en 2004, cada seis meses pasa lo mismo: “Se renuevan los contratos, pero los pagos llegan con mínimo dos meses de retraso”.

El paro del viernes fue para pedir la liberación inmediata de las quincenas faltantes, pero también para sumarse al paro cívico nacional proclamado por la Coordinadora nacional de trabajadores de la educación, CNTE.

“La reforma educativa también nos afecta a nosotros, y compartimos las ideas de los compañeros a nivel nacional. Pero en lo particular, en la parte pedagógica, acá estamos mal, no tenemos la capacitación adecuada, infraestructuras en malas condiciones, y planteles que nomás los están pintando, y luego le ponen un ‘letrerote’ de ‘Escuela digna’”, dice Solares.

¿Crees que la evaluación de los docentes prevista por la reforma, pueda perjudicarlos por esta situación?, le pregunto. “Estamos en desventaja, porque si se usa un solo estándar a nivel nacional, no contemplarían nuestra lengua y otros aspectos en cuestión de tecnologías. De eso no tenemos nada. Nos están pidiendo los trabajos y las calificaciones por internet, pero en nuestra zona se ha colocado nada más en tres escuelas, pero ya ninguno sirve”.

 

+ki i+aripa, es decir “escuela”

“Mi escuela está muy abandonada”, dice Rafael Cosío, maestro de la primaria unitaria de la localidad de La Manga, donde da clase a 17 alumnos de primero hasta quinto grado. El suyo, como el de Taymari y Agua Zarca, todas pequeñas localidades retiradas, es de los planteles más olvidados. Allí el maestro es también director y barrendero; atiende a los alumnos, los trámites administrativos y limpia y acarrea cubetas de los arroyos porque, además de luz, esas escuelas no tienen agua potable.

Rafael es oriundo de otra localidad de Santa Catarina, por lo que cada quince días camina, porque no hay carreteras, más de ocho horas de la primaria hasta su casa, en Pueblo Nuevo, donde además aprovecha el débil servicio de internet para mandar calificaciones y la documentación que la Secretaría de Educación requiere vía electrónica, en una región donde la mayoría de las localidades no tiene ni electricidad.

“La infraestructura es lamentable. El aula es prefabricada, en láminas y madera, que ya está toda desgajada, cayéndose. Los libros de texto llegan a la mitad de octubre, cuando llegan”, dice.

En las mismas situación están Martha Robles y Samuel Carrillo, jóvenes maestros becarios que, como Rafael, imparten clase desde más de seis años en primarias unitarias, a dos o tres horas de camino de sus casas, y que cada ciclo escolar no tienen la seguridad de recibir su pago. Desde que enseñan, nunca se ha dado mantenimiento a sus planteles, que en muchos casos, fueron construidos por los padres de familia.

“Pero no siempre la comunidad ayuda. Uno se la tiene que rifar”, dice con sorna Samuel.
    
 

Problemas básicos

En la región wixárika existen en total 115 planteles, 13 de educación inicial, 33 de preescolar y 69 de primaria. En ellos, de acuerdo a la Dirección general de planeación y programación de la SEP, en el ciclo escolar 2011-2012 impartieron clase 234 profesores, 186 en primarias y 48 en nivel preescolar, que atendieron a más de cuatro mil de los 6 mil 667 alumnos de educación indígena del estado.

Artemio Solares dice que abundan las llamadas “aulas ligeras”, prefabricadas, de láminas. Así son por lo menos 10 de las 16 escuelas con que cuenta su zona.

Hilario de la Cruz, responsable de educación intercultural bilingüe de la zona Norte de Jalisco para la Secretaría de Educación Pública, dice que existe un promedio de cuatro aulas de este tipo por cada una de las seis zonas escolares de la región: “Tienen paredes de material que no es muy resistente, y de láminas. Son inadecuadas, porque se calientan en tiempo de calor, y en esta época de huracanes, las tormentas se las llevan”.

Pero la infraestructura no es el único problema. Hilario de la Cruz Rosas es originario de San Miguel Huaixtita. En 1978 fue nombrado promotor cultural bilingüe, cuando empezaron a funcionar las primeras escuelas en la región indígena del Norte de Jalisco. “Yo no sabía ni de lo que se trataba. Fuimos los primeros, e ignorábamos cuál era el propósito de la educación”, dice.

“Con el trascurso de los años, me di cuenta de cuál era la finalidad de la educación, pero para una comprensión correcta  y para trabajar bien a favor de los niños, es muy importante el español.

“Yo creo que actualmente es un elemento que detiene un poco el acceso a la comprensión de muchos contenidos de los libros de texto. Recibo constantemente documentos de los maestros, directores  y supervisores, y veo que en la redacción hay ideas incongruentes”.

De la plantilla docente, sólo el 50 por ciento tiene una formación curricular, que le fue requerida e impuesta por la autoridad, pero que no es la que necesitan desde su medio.“Debemos estar conscientes de que tenemos que dar un conocimiento para la vida, que realmente le sea útil a los niños”, dice De la Cruz Rosas, “y que si se desarrolla un tema y no lo alcanzan a comprender, de nada le sirve, viene a las clases a perder el tiempo”.

Otro problema, explica, es que la cultura wixárika no se refleja en la escuela, y que no hay programas en huichol: “Nos dices que la educación tiene que ser intercultural, pero ni nuestro idioma se practica, algunos lo hacen de manera improvisada, pero necesitamos maestros que distingan cuales son las cosas de nuestra cultura que se puedan trabajar en la escuela, porque los libros de texto son únicamente en castellano”.

 

El más débil pierde

En la pugna entre docente y gobierno, y las problemáticas que de esta derivan, hay una víctima invisible, que poco ha estado en el debate suscitado por la reforma: los niños.

En la accidentada Sierra Madre Occidental, donde se ubican las comunidades wixárika, muchos niños tienen que caminar tres horas por la mañana y tres por la noche para acudir a clase. Como sucede en la localidad de La Manga.

“Hay niños que para llegar a la escuela tienen que cruzar un río, tenemos años pidiendo que se haga un puente, pero el gobierno no nos hace caso”, dice Maurilio Carrillo, agente local, autoridad de la comunidad. “En temporada de lluvia esos niños pierden hasta cuatro días de clase porque no pueden pasar del otro lado”.

Dice que acudió al paro para escuchar las razones de los maestros: “Ahora entiendo muchas de sus quejas, por la falta de apoyo. Allá seguido los maestros se salen, por las problemáticas que tienen”.

El representante sindical Mijares Valdez, después de ir por su tortilla que se estaba quemando en una fogata, dice que hay todavía un 15 por ciento de niños que no acuden a la escuela. Él mismo entró a primero cuando cumplió 16 años.

“Siempre hemos insistido en que se tome en cuenta el entorno cultural y lingüístico”, explica Rafael Cosío, “porque aquí los niños no aprenden de la misma forma que en las ciudades”. 

“La educación”, concluye Maurilio, “está muy abandonada”.

 

Y las estadísticas lo reflejan. La región indígena de Jalisco se conforma de tres comunidades, Santa Catarina, San Andrés y San Sebastián, más su anexo Tuxpan. Pertenecen, una pequeña parte, al municipio de Bolaños, y la mayoría al de Mezquitic. Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en éste municipio, que cuenta con más del 70 por ciento de población indígena de un total de 15 mil habitantes, el grado promedio de escolaridad de la población de 12 años y más, es de 24.8 por ciento, el más bajo del estado (el promedio estatal es de 4.8), y para la población de 15 años y más, es de hasta el cuarto grado de primaria. En cuanto al porcentaje de población analfabeta, alcanza el 27 por ciento, el más alto de Jalisco, seguido por Bolaños, con 19.4 por ciento.

Si consideramos nada más la población indígena, las cosas empeoran: de acuerdo al Consejo estatal de población, en Mezquitic el 81.8 por ciento se encuentra sin educación básica, y el 64.8 (equivalente a 3 mil 700 personas) es analfabeta; y en Bolaños, el 80 y el 50 por ciento respectivamente.

 

Invisibles en la reforma

“Si no tenemos el material y las herramientas apropiadas, ¿cómo van a evaluarnos?”, se pregunta Mijares Valdez. “Lo que proponemos es que se pueda regionalizar la evaluación, porque no pueden compararnos con otros, cuando vivimos en condiciones diferentes”.

En la nueva Ley General del Servicio Profesional Docente no se contemplan medidas específicas en cuanto a la educación intercultural bilingüe. Martha Vergara Fregoso, investigadora del Departamento de Estudios Internacionales,  del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, explica que “la reforma educativa desde su planteamiento no llevaría modificaciones al modelo de educación indígena, y no solamente de éste, sino en general, porque hace énfasis en la calidad educativa, pero distorsionada, porque la está atribuyendo solamente a la calidad de los profesores”.

Sin embargo, podría afectar mayormente a los maestros indígenas, dice, “porque la evaluación se implementa como una situación obligatoria y es, como la prueba ENLACE para los estudiantes, una prueba única, homogénea, y el problema es que está dirigida a la estandarización de los contenidos y las habilidades”.

El idioma es apenas la parte superficial del problema. “No es  un hecho de traducción”, dice Vergara Fregoso. “Lo que se ha hecho hasta ahora son programas y libros de texto en castellano, pero no es solamente el idioma, también son los contenidos, porque los niños viven en una cultura lejana, diferente”.

Y agrega: “Los maestros son abiertos a mejorar la enseñanza, sin embargo dan clases así porque no saben cómo hacerlo de forma diferente, y no tienen las herramientas para implementar una educación intercultural de calidad que contemple la diversidad”.
“La paradoja”, dice al respecto Rafael Cosío, “es que en la reforma se prevé que los padres de familia participen más en la educación de sus hijos. Aquí siempre lo estuvieron haciendo, y en las condiciones en que estamos. Es una incongruencia: ¿cómo vamos a mejorar así la escuela?”.

 

Informó: Alberto Spiller

Fuente: La Gaceta Universitaria

Fotografía: Jorge Alberto Mendoza 

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