Recibe Hubert Martínez Calleja el Premio de Literaturas Indígenas 2017

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El poeta fue seleccionado por su poemario "Las sombrereras de tsítsídiin", volumen escrito en su lengua tlapaneca, me’phaa

 

“Uno asimila el mundo a través de la lengua que los padres nos enseñan”, afirmó Hubert Martínez Calleja en su discurso de aceptación del Premio de Literaturas Indígenas, que este año llegó a su quinta emisión. Con esa línea, el escritor habló del tema que impregna cada página de su poemario: la violencia y la trata de blancas y niñas indígenas en su estado, Guerrero.

Durante la ceremonia de premiación, Juan Gregorio Regino, director del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, afirmó que esta clase de distinciones es el claro ejemplo de que las lenguas indígenas están vivas, y agregó la importancia de que estén visibles en un lugar como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Al respecto, citó las palabras de Miguel León-Portilla: “Cuando muere una lengua, la humanidad se empobrece”. Alfonso Gómez Godínez, por su parte, señaló que la literatura indígena viene a enriquecer la visión del mundo de las demás personas.

Gabriel Pacheco Salvador, quien portaba una colorida camisa con arte wixárica, hizo una mención especial en su discurso al número 5, que en la cosmovisión de su cultura es un número importante, pues está ligado a los cinco elementos de la creación y a los cinco puntos cardinales que considera su tradición. Así pues, que este fuera la quinta emisión del Premio de Literaturas Indígenas le pareció algo que no podía ser coincidencia. "El marakame despierta a la comunidad wixárica”, dijo en su discurso, en referencia a la importancia de la palabra y el mundo que la rodea.

“La palabra es más bella y fuerte cuando se construye en colectivo; a pesar de políticas de exterminio, nuestra cultura sigue viva”, afirmó Hubert Martínez Calleja, para comenzar su discurso. Con voz temblorosa, plagada de sentimiento y a punto de quebrarse, habló del terror constante que vive cada persona no sólo en su pueblo y no sólo en Guerrero, sino en muchas partes del país. “La violencia es un conflicto que nos afecta a todos; nuestras vidas están plagadas de violaciones a los derechos humanos que el gobierno ha legitimado”, afirmó, aún con la voz resquebrajada.

Añadió que eligió la lengua tlapaneca, me’phaa, para escribir cada uno de sus poemas, porque esa es la lengua con la que él siente, y que su poesía es el resultado inminente de vivir en un estado como el de Guerrero, donde las personas, en sus palabras, son condenados a una muerte sin historia. “Ojalá la poesía sirva para arrancarnos la mala hierba de la indiferencia de los ojos, y recordemos que todos somos un mismo cuerpo”, cerró Hubert, ya con la voz débil, pero firme. Una ola de aplausos invadió la sala, y cada una de las personas que conformaron el público se puso de pie para rendir honor a un discurso que, in crescendo, logró dejar a todos por unos segundos en silencio, para después anteponerlo con el sonido de la empatía y la respuesta.

Información y fotografía: Prensa Fil

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